
La noche prometida estaría llena de risas, conversación, buen sexo y sobretodo conciliación con el pasado.
Él llevaría en su bolsillo un objeto de ella, un objeto que siempre había conservado, al menos desde hacía unos años.
Ella llevaría algo también único, llevaría consigo la sensación de plenitud que producen aquellas situaciones en las que el resto del mundo desaparece y no querrías estar en ningún otro lugar, y esa sensación se la transmitiría a él. Porqué ella le enseñó en el pasado a dejarse llevar, a vivir el momento.
Se crearía una burbuja en la que solo habitarían ellos y sus ganas de disfrutarse mutuamente.
Se reirían cariñosamente del pasado, tal y como él le prometió aquel día, entonces con la primera carcajada ella sabría que él jamás la engañó y que por eso le respetaba.
Conversarían tranquilamente, se tocarían, las manos de él acariciarían la espalda de ella, rozarían sus pechos, las manos de ella apretarían su cuerpo atrayéndole hacia el suyo propio desnudo.
Harían el amor con la misma intensidad de dos amantes que hace tiempo que no se encuentran.
Después del placer y la pasión la paz.
Saldría el Sol y cada uno volvería a su vida, a su rutina diaria pero con algo ganado, algo sumado a su espíritu. El haber sentido esa plenitud al dejarse llevar y vivir el momento.